Los retos de los proyectos de desarrollo en poblaciones en desventaja

No debemos obviar cualquier impacto negativo que pueda tener una iniciativa de desarrollo

Cuando en 1995 cursaba la Licenciatura en Ecoturismo aprendí sobre la sostenibilidad y su relación entre los temas ambientales, sociales y económicos, lo que a veces llamamos “la triple cuenta de valor”.

El objetivo de impulsar iniciativas que promuevan la conservación ambiental, mejoren las condiciones sociales y permitan el acceso a mercados es el desarrollo sostenible.   Sin embargo, llevarlo a la práctica no es tan sencillo como dibujar un diagrama de Venn sobretodo en poblaciones vulnerables.

En Guatemala, la mayoría de la población está en condiciones de desventaja social y económica. Según la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (SEGEPLAN) el 57% de los guatemaltecos vive en pobreza y el 21% en pobreza extrema. Esto quiere decir que viven con menos de un dólar al día, lo que les impide satisfacer sus necesidades básicas.

El panorama es más lamentable cuando se revisan las cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el cual señala que el promedio de escolaridad de un guatemalteco es de 4 años y que 49.8% de los niños sufren de desnutrición crónica.

Ante esta realidad, impulsar un proyecto de desarrollo sostenible como el ecoturismo significa un gran reto. Es por eso que primero hay que conocer la realidad de la población, sus necesidades, su forma de vida y sus costumbres. De lo contrario, se impulsan buenas ideas que no dan fruto y que solo cuestan dinero.   Mientras más vulnerable es la población, más tiempo, paciencia, esmero y financiamiento se necesitará.

Cuando los proyectos avanzan y se consigue mejorar el ingreso económico de una población no se deben descuidar los otros ejes de la sostenibilidad. Esto para no generar impactos negativos en relación a los aspectos ambientales y sociales.

En una reciente visita que hice a una comunidad, la población estaba recibiendo ingresos por un programa de desarrollo que impulsa el emprendimiento.   Aquí las mujeres estaban contentas porque ahora tenían acceso a alimentos que antes no acostumbraban como los cereales procesados, las frituras y las aguas gaseosas. En este sentido, hay que recordar el mercadeo y la publicidad abrumadora a la que se enfrentan estos poblados en relación a la comida procesada, por lo que no es extraño que algunas veces la consideren saludable (como sucede con los cereales azucarados) y que por lo tanto se sientan orgullosos de poder alimentar “adecuadamente” a sus hijos. A esto se le sumaba el hecho de que en las cercanías del poblado solo habían tiendas con esta clase de productos y era muy difícil y costoso viajar para comprar frutas y verduras, así que lo único que consumían era lo que cultivaban (maíz y frijol) y ahora lo que podían comprar: la comida “chatarra”. Si en este caso, no se orientan los parámetros de consumo de esta población, la misma tendrá problemas de salud y el dinero que han ganado lo deberán utilizar en medicinas y médicos.

tienda

Este es un ejemplo conciso que resalta la importancia de la integralidad de los procesos.   Muchas veces los profesionales como yo, que venimos de áreas urbanas y de realidades muy diferentes, damos por sentado que por el simple hecho de promover el ingreso en una comunidad el resto mejora pero esto no es así.   No podemos dar por sentado nada cuando la población beneficiaria de alguna iniciativa ha estado en condiciones difíciles toda su vida.

En materia de ecoturismo hay mucho escrito sobre el sincretismo cultural que puede ocurrir cuando los turistas empiezan a visitar algunas áreas.   Sin embargo, además de este factor pueden suceder otros cambios bruscos y negativos como el aumento del consumo del alcohol, la violencia intrafamiliar y el aumento de desechos sólidos. Esto también puede suceder con otras actividades económicas que generan más ingresos sin considerar la integralidad de la sostenibilidad.

En un área urbana que visité una empresa había invertido recientemente “alborotando todo el pueblo”, como me dijo una anciana. El poblado era realmente tranquilo, de pocas calles y silencioso pero desde que está la empresa se escuchan camiones por todos lados, aumentaron los restaurantes (lo que trajo más trabajo) pero también los bares, la prostitución, los bancos y en algunos casos, las deudas. El tema de las deudas me llamó mucho la atención, ya que al parecer, un banco empezó a ofrecer tarjetas de crédito a los trabajadores de la empresa, quienes nunca habían tenido una cuenta bancaria y estos se empezaron a endeudar. ¿De quién es la responsabilidad del mal uso de las tarjetas?, ¿De la persona que no sabía nada sobre bancos, del banco o de la empresa?   En realidad es una responsabilidad compartida pero si la empresa hubiera considerado los tres ejes de la sostenibilidad habría educado financieramente a sus trabajadores, ya que ahora el dinero que percibe esta gente se va en pagar intereses y sienten que la empresa no les paga lo suficiente.

Otro ejemplo que recuerdo es un proyecto de turismo que se impulsó a la orilla del mar en un área protegida.   El proyecto con limitantes financieras apoyó a varias comunidades para construir un “eco-hotel”. El hotel es muy sencillo y está equipado con lo básico pero de “eco” ya no tiene mucho porque debido a la falta de tiempo que ahora tienen algunas familias que atienden el hotel se empezaron a consumir sopas instantáneas y a los turistas se les sirve en platos desechables, los cuales después se queman.     Aquí nuevamente la responsabilidad es compartida porque si bien el objetivo del proyecto era generar ingresos para reducir la presión sobre los recursos naturales esto ocasionó la generación de desechos a partir de la generación de ingresos (basura que antes no existía): un círculo vicioso en un lugar de uno virtuoso. La organización que impulsó el proyecto debe sensibilizar y orientar a la población sobre el impacto ambiental de su gestión para evitar el consumo de estos productos.

basura

Creo que algunas veces los profesionales que trabajamos en pro del desarrollo sostenible cometemos el error de obviar las externalidades negativas que también se pueden generar alrededor de una iniciativa que etiquetamos como beneficiosa. En materia de ecoturismo tenemos muy claro que hay que calcular la capacidad de carga de un sitio y minimizar al máximo el impacto sobre la flora y la fauna pero a veces se dejan por fuera otras cuestiones.

Es por eso que es imprescindible identificar desde un inicio cualquier impacto negativo que pueda generar un proyecto tanto en el eje ambiental, social como en el económico. De esta manera se impulsan estrategias para minimizarlos y el proceso se vuelve integral.

Aunque ahora muchas iniciativas solicitan la identificación de los posibles riesgos de la ejecución de un proyecto limitan muchas veces la integralidad de los tres ejes de la sostenibilidad. Esto es incongruente cuando perseguimos el espíritu del Informe Brundtland: “Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades”.

Entonces, ¿Qué procesos o instrumentos podemos identificar para minimizar al máximo el impacto negativo de un proyecto de ecoturismo y promover realmente el desarrollo sostenible?

 

Autora

Karen Wantland es guatemalteca y Licenciada en Ecoturismo con una Maestría en Relaciones Internacionales y experiencia en diferentes proyectos de desarrollo sostenible. Ha trabajado desde sus años en la universidad en la generación de ingresos, la conservación ambiental y la pertinencia cultural de proyectos, lo que la llevó a interesarse en la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) y la cooperación internacional. Le encanta viajar, escribir y conocer personas alrededor del mundo.

También te puede gustar

Un comentario

  • Erwin Herdocia 10 julio, 2015   Respuesta →

    Karen, comparto totalmente tu parecer respecto a este tema. Ahora bien en referencia a tu pregunta final, en mi opinión yo encuentro que más que un problema de herramientas el caso es que estamos abordando los proyectos de manera equivocada y lo dejas ver muy claramente en tu texto.

    Por ejemplo, muchos proyectos se desarrollan de manera improvisada sin conocer a profundidad las condiciones locales, justificados principalmente en la disposición de presupuesto y sin contar siquiera con el interés e involucramiento genuino de las comunidades locales, lo que resulta en una imposición más que en una ayuda y luego nos asombramos que las iniciativas no prosperan.
    Por otra parte, la integralidad de la sostenibilidad es fundamental y se debe considerar sus tres factores por igual.

    De manera que necesitamos planificar y ejecutar los proyectos de manera más holística. Vivimos en un mundo infinitamente cambiante, lo que requiere de aproximaciones diferentes a cómo hemos venido haciéndolo por muchos años. No puedes prever “todo” desde un inicio pero el sistema te debería permitir revisar y hacer adaptaciones y modificaciones según se va haciendo necesario.
    Herramientas hay muchas y son funcionales, lo que tenemos que mejorar es el modelo bajo el cual estamos operando.

    .

Deja un comentario